El Congreso de la República eligió en sesión extraordinaria a José María Balcázar como nuevo presidente interino del país, tras aprobar la moción de censura contra José Jerí. Con 83 años y militante de Perú Libre, Balcázar asumirá el cargo durante cinco meses, hasta la toma de posesión del mandatario que resulte electo en las urnas el próximo 12 de abril.
El dato resume la magnitud de la inestabilidad, Balcázar se convierte en el octavo presidente peruano en menos de 10 años, en un país donde la sucesión de jefes de Estado por destituciones, renuncias o vacancias se ha vuelto recurrente.
La censura contra Jerí prosperó en medio de cuestionamientos por las reuniones secretas con empresarios chinos y supuestas irregularidades en contrataciones públicas de varias mujeres. Jerí recuperó su escaño como congresista, aunque no participó en la sesión decisiva. Su salida se suma a la de Dina Boluarte, también destituida por el Legislativo en octubre de 2025, consolidando un patrón en el que el Parlamento se erige como árbitro central del poder ejecutivo.
En la votación final, Balcázar superó a la conservadora María del Carmen Alva, de Acción Popular, quien contaba con el respaldo público del fujimorista Fuerza Popular. La fragmentación del Congreso y el carácter secreto del voto alimentaron acusaciones cruzadas entre bloques ideológicos.
Una elección marcada por alianzas tácticas
El resultado refleja más una suma coyuntural de apoyos que un consenso político estructural. En un hemiciclo atomizado, la designación respondió a equilibrios tácticos antes que a una visión compartida de gobernabilidad.
Balcázar, abogado formado en la Universidad Nacional de Trujillo y exmagistrado del Poder Judicial, ha enfrentado investigaciones por presunta apropiación ilícita de fondos durante su gestión en el Colegio de Abogados de Lambayeque. Además, sus declaraciones en defensa del matrimonio a partir de los 14 años —en el marco de un debate legislativo— generaron un amplio rechazo social y pronunciamientos críticos desde el Ministerio de la Mujer.
Su trayectoria política está vinculada al partido que llevó al poder a Pedro Castillo, hoy procesado tras su intento fallido de disolver el Congreso en 2022. Esa asociación añade un componente simbólico a su llegada al Palacio de Gobierno en un momento de alta sensibilidad institucional.
Perú ante el espejo de su inestabilidad
En su primer discurso, Balcázar prometió garantizar una “transición electoral pacífica” y priorizar la seguridad ciudadana. Sin embargo, su margen de maniobra será limitado, no cuenta con legitimidad directa de las urnas y su mandato tiene fecha de caducidad con apenas dos meses por delante en los que debe ofrecer señales mínimas de estabilidad en un país golpeado por la inseguridad, la desconfianza en las instituciones y la percepción de una clase política desconectada de la ciudadanía.
Desde la dimisión de Pedro Pablo Kuczynski en 2018 hasta hoy, el país ha transitado por una secuencia de gobiernos breves, interinatos y destituciones que desafían cualquier intento de normalización democrática. La reiteración de crisis ha erosionado la confianza pública y consolidado la idea de que la presidencia es un cargo transitorio, más expuesto a la censura que respaldado por consensos duraderos.
La designación de Balcázar no cierra ese ciclo; lo prolonga bajo una fórmula conocida, el Congreso como epicentro del poder y la presidencia como pieza intercambiable en un tablero fragmentado.
A menos de dos meses de las elecciones generales, Perú encara una nueva transición con el reto de romper la inercia de la inestabilidad. El éxito o fracaso de este breve mandato no se medirá por grandes reformas, sino por algo más básico: que el relevo en julio sea fruto del voto ciudadano y no de otra crisis parlamentaria. @mundiario








