La relación entre Pakistán y Afganistán atraviesa uno de sus momentos más delicados desde los enfrentamientos fronterizos del año pasado. El Gobierno de Pakistán confirmó una serie de bombardeos “selectivos” en territorio de Afganistán contra lo que describe como refugios de grupos insurgentes responsables de recientes ataques suicidas dentro de su territorio.
Las autoridades afganas, controladas por los talibanes, denunciaron que los bombardeos alcanzaron zonas civiles en las provincias orientales de Nangarhar y Paktika, dejando decenas de muertos y heridos, incluidos mujeres y niños. Kabul calificó la ofensiva como una violación de su soberanía y advirtió que dará una “respuesta apropiada y calculada”.
Islamabad sostiene que los ataques son una represalia directa a una reciente ola de atentados suicidas en su territorio. Entre los hechos citados se encuentran un ataque contra un convoy militar en Bannu y un atentado en una mezquita chií en Islamabad que dejó más de 30 muertos.
El Gobierno paquistaní afirma tener “pruebas concluyentes” de que estos ataques fueron orquestados por líderes del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), también llamados talibanes paquistaníes, que —según Islamabad— operan desde suelo afgano con apoyo logístico de sus autoridades. En los bombardeos también habría sido objetivo el grupo Estado Islámico de Jorasán (ISKP), una filial regional del Estado Islámico.
Pakistán denomina oficialmente al TTP como “Fitna al Khwarij” y lo responsabiliza del incremento de la violencia insurgente en sus provincias fronterizas.
Desde Kabul, el portavoz talibán Zabihullah Mujahid acusó a “círculos militares especiales de Pakistán” de bombardear viviendas civiles y una madrasa (escuela musulmana). Las autoridades provinciales en Nangarhar informaron que un misil impactó en una vivienda donde se encontraban 23 personas; solo cuatro habrían sido rescatadas con vida en las primeras horas.
La Media Luna Roja afgana reportó al menos 18 muertos en un primer balance, mientras los equipos de rescate intentan retirar los escombros en condiciones precarias. Por su parte, Kabul niega reiteradamente que permita al TTP utilizar su territorio para lanzar ataques contra Pakistán
El Ministerio de Defensa afgano calificó la acción como una “violación flagrante del derecho internacional” y advirtió de que la respuesta se producirá “en el momento adecuado”. Por su parte, Islamabad afirma que la operación fue “selectiva” contra campamentos terroristas y que resultaron muertos al menos 70 milicianos (algunas fuentes oficiales de seguridad elevan la cifra a más de 80).
Una frontera marcada por la desconfianza
La línea fronteriza de 2.600 kilómetros —conocida como la Línea Durand— ha sido históricamente un foco de fricción. Tras la retirada internacional de Afganistán y el regreso de los talibanes al poder en 2021, Islamabad esperaba una mayor cooperación contra el TTP. Sin embargo, la violencia insurgente en Pakistán ha aumentado en los últimos años.
En octubre pasado, los enfrentamientos directos dejaron decenas de muertos antes de que se acordara un alto el fuego mediado por Qatar. Aunque ese cese de hostilidades se ha mantenido de forma frágil, los cruces fronterizos han sufrido cierres intermitentes que afectan el comercio y la estabilidad regional.
Pakistán argumenta que Kabul no ha cumplido sus compromisos bajo el Acuerdo de Doha de impedir que su territorio sea utilizado contra otros países. Los talibanes rechazan esa acusación y señalan que Islamabad intenta trasladar a Afganistán la responsabilidad de su propia crisis de seguridad interna.
La advertencia talibán de una “respuesta calculada” introduce un nuevo elemento de incertidumbre. Si Kabul opta por una acción directa, podría reactivar los enfrentamientos militares abiertos. Si responde de manera diplomática o indirecta, el conflicto podría trasladarse a una guerra de baja intensidad en la frontera.
Ambos gobiernos enfrentan presiones internas. Pakistán vive un repunte de atentados que golpean a sus fuerzas de seguridad y población civil. Afganistán, por su parte, intenta consolidar su autoridad internacional en un contexto de aislamiento diplomático y crisis económica.
La actual escalada evidencia que la frontera afgano-paquistaní sigue siendo uno de los puntos más volátiles del sur de Asia. Las acusaciones cruzadas sobre refugios insurgentes, soberanía y represalias militares mantienen una tensión estructural que trasciende el episodio puntual de los bombardeos. @mundiario





