La tercera ronda de conversaciones entre Ucrania y Rusia en Ginebra concluye con progresos técnicos en el plano militar para un eventual alto el fuego, pero con un persistente atasco político. Ambas partes exhiben voluntad negociadora ante la mediación de EE UU, aunque la desconfianza mutua y el pulso territorial en el Donbás mantienen en suspenso un acuerdo definitivo.
La tercera ronda de diálogo trilateral —con Washington como mediador— deja una fotografía ambivalente, progreso en los mecanismos militares para supervisar un alto el fuego y escasos avances en el núcleo político del conflicto.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, aseguró que “casi todo está acordado” en el plano militar. Según explicó, los equipos técnicos han consensuado fórmulas de monitoreo con participación estadounidense, un elemento que Kiev considera imprescindible para dotar de credibilidad a cualquier cese de hostilidades.
En contraste, el capítulo político que implica territorio, garantías de seguridad y calendario electoral sigue encallado. “Las posiciones son diferentes”, reconoció Zelenski, quien acusó a Moscú de dilatar el proceso.
Desde la delegación rusa, encabezada por Vladímir Medinski, el mensaje fue similar en tono, aunque distinto en matices: negociaciones “difíciles pero sustanciales” y disposición a continuar. Moscú evita aparecer como el actor que frustra el diálogo, consciente del peso que tiene la percepción en Washington.
El factor Trump: presión y cálculo estratégico
El presidente estadounidense, Donald Trump, ha incrementado la presión pública sobre Kiev para acelerar un acuerdo. Sus declaraciones instando a Ucrania a “sentarse rápido a la mesa” han generado malestar en el entorno de Zelenski, que considera “injusto” que la presión pública recaiga principalmente sobre el país invadido.
Sin embargo, tanto Kiev como Moscú comparten un incentivo táctico, ninguno quiere aparecer ante Trump como el responsable del fracaso de las conversaciones.
- Para Rusia, mantenerse en la mesa permite proyectar imagen de razonabilidad internacional y, al mismo tiempo, ganar tiempo en el frente mientras diluye posibles nuevas sanciones.
- Para Ucrania, mostrarse abierta al diálogo es clave para preservar el respaldo militar y político estadounidense, del que depende tanto para la guerra como para una eventual arquitectura de paz.
El Donbás, el nudo central
El principal escollo sigue siendo el control del 22 % restante de la región de Donetsk, en el Donbás. Moscú exige su cesión completa; Kiev lo rechaza por razones militares, sociales y políticas.
Rusia controla ya amplias zonas del este y sur del país, incluida la península de Crimea desde 2014, así como áreas significativas de Zaporiyia y Jersón. No obstante, no ha logrado dominar la totalidad del Donbás, un objetivo que los analistas estiman podría requerir años adicionales de combate y elevadas pérdidas humanas.
Para Ucrania, renunciar a esa franja territorial implicaría no solo un retroceso estratégico, sino también un coste político interno difícilmente asumible. Zelenski ha insinuado que cualquier decisión de ese calibre debería someterse a referéndum, posiblemente junto a elecciones presidenciales, cuya convocatoria está condicionada por la ley marcial vigente.
Garantías de seguridad: el dilema circular
Otro punto crítico es el sistema de garantías de seguridad. Kiev exige compromisos firmes —preferiblemente suscritos por Washington— antes de rubricar un acuerdo. Washington, en cambio, sostiene que esas garantías solo pueden concretarse tras un pacto definitivo.
Entre las fórmulas discutidas figura el despliegue de una “Coalición de Voluntarios” con respaldo estadounidense para reforzar la disuasión en caso de incumplimiento ruso. Moscú ha advertido que consideraría objetivo militar cualquier presencia de tropas occidentales en territorio ucraniano. Además, la central nuclear de Zaporiyia, la mayor de Europa, también forma parte de las conversaciones. Se exploran soluciones intermedias, incluida una eventual administración internacional que garantice la distribución equilibrada de la energía.
Las conversaciones se producen a las puertas del cuarto aniversario de la invasión a gran escala iniciada por Rusia. El conflicto se ha convertido en una guerra de desgaste, con avances limitados y un alto coste humano y material.
En este contexto, los progresos técnicos en el plano militar no son menores. Que los equipos castrenses hayan acordado mecanismos de supervisión indica que un alto el fuego es técnicamente viable si existe voluntad política. Pero la experiencia acumulada en anteriores rondas —incluidas las celebradas en Abu Dabi y Estambul— alimenta el escepticismo. @mundiario











