El Congreso de Perú afronta una votación decisiva que puede poner fin al mandato interino de José Jerí, quien asumió el poder en octubre tras la destitución de Dina Boluarte. Si prosperan las mociones de censura presentadas contra él, el país volverá a cambiar de presidente en pleno proceso electoral, a menos de dos meses de los comicios generales.
La ofensiva parlamentaria responde al deterioro de su respaldo político y a las investigaciones fiscales abiertas por presunto tráfico de influencias, vinculadas a reuniones con empresarios contratistas del Estado y a polémicas contrataciones dentro de la Administración pública. Jerí rechaza las acusaciones y sostiene que posee “suficiencia moral” para continuar en el cargo, pero su aislamiento parlamentario ha crecido rápidamente.
Más allá de los aspectos judiciales, la votación refleja también el cálculo político de las bancadas legislativas. Partidos que inicialmente respaldaron la transición encabezada por Jerí ahora buscan marcar distancia ante el desgaste de su imagen, en un contexto electoral altamente competitivo.
La censura —que puede aprobarse con mayoría simple al dirigirse formalmente contra su condición de presidente del Congreso— permitiría reemplazarlo de inmediato como jefe de Estado. Entre los nombres que emergen para sucederlo destaca Maricarmen Alva, ex presidenta del Parlamento y figura influyente del bloque conservador y militante del partido Acción Popular (AP).
Este tipo de maniobras parlamentarias no es excepcional en la política peruana reciente: desde la caída de Pedro Castillo, el país ha experimentado una sucesión constante de crisis institucionales en las que las alianzas legislativas cambian con rapidez y las mayorías se redefinen en función de intereses coyunturales.
Elecciones en un clima de incertidumbre
La eventual salida de Jerí seguiría una tendencia que se ha convertido en rasgo estructural de la política peruana, la incapacidad de los gobiernos para completar sus mandatos en medio de conflictos entre Ejecutivo, Congreso y sistema judicial. El resultado es una presidencia debilitada, sometida a presiones permanentes y con escasa capacidad para impulsar reformas de largo alcance.
Este ciclo de destituciones sucesivas ha generado un escenario de gobernabilidad precaria en el que las transiciones se vuelven cada vez más breves y el poder efectivo se desplaza hacia el Congreso, convertido en el actor decisivo del sistema político. La repetición de cambios presidenciales, lejos de estabilizar la situación, ha contribuido a consolidar una percepción ciudadana de crisis permanente.
La votación parlamentaria llega además en un momento especialmente delicado, el país se encamina hacia elecciones presidenciales y legislativas en un clima marcado por la inseguridad, los escándalos de corrupción y la desconfianza institucional. Un nuevo relevo en la jefatura del Estado podría aumentar la volatilidad política justo cuando se espera que las urnas definan un nuevo ciclo gubernamental.
La decisión del Congreso no solo determinará la continuidad o el cese de Jerí; también enviará una señal sobre el rumbo del sistema político peruano. Si se confirma el relevo, Perú habrá cambiado de presidente ocho veces en menos de diez años, un indicador contundente de la fragilidad institucional que sigue condicionando la estabilidad democrática del país. @mundiario








