Gaza en los planes de Trump: fuerza internacional y 7.000 millones para reconstrucción

0
51

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha situado la seguridad de Gaza en el centro de su agenda exterior al momento de  crear su ambiciosa Junta de Paz internacional. En su reunión inaugural, celebrada en Washington, el mandatario anunció compromisos financieros por más de 7.000 millones de dólares y la participación de varios países en una fuerza de estabilización que operaría en la Franja tras el alto el fuego.

La iniciativa busca articular un esquema propio —bajo liderazgo estadounidense— para garantizar seguridad, reconstrucción y una gobernanza transitoria en el enclave palestino. La llamada Junta de Paz funcionaría como un foro político y operativo. Su misión es coordinar seguridad, asistencia humanitaria y reconstrucción en la etapa posterior al conflicto entre Israel y Hamás.

Según lo expuesto por Trump, el organismo contará con grupos de trabajo especializados en seguridad, gobernanza y financiación. La idea es que no solo canalice recursos, sino que supervise directamente el despliegue de una fuerza internacional sobre el terreno. Sin embargo, el plan todavía carece de detalles públicos sobre reglas de enfrentamiento, calendario definitivo y estructura de mando.

Uno de los anuncios más relevantes fue el compromiso de varios países para enviar tropas o fuerzas policiales. Entre ellos figuran Indonesia, Marruecos, Albania, Kosovo, Kazajistán, Egipto y Jordania, aunque el grado exacto de implicación varía y no todos han confirmado formalmente su despliegue.

La Fuerza Internacional de Estabilización tendría como tareas supervisar el alto el fuego, apoyar la desmilitarización de Hamás, mantener el orden público en zonas clave y proteger las labores de reconstrucción. El cuartel general estaría ubicado en el sur de Gaza, entre Rafah y Jan Yunis, en coordinación con Israel.

Indonesia y Marruecos aparecen como pilares centrales del contingente. Informes preliminares apuntan a que miles de efectivos podrían desplegarse progresivamente en los próximos meses.

El componente financiero: 7.000 millones y recelos internacionales

En el plano económico, Trump anunció que varios países —incluidos Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Arabia Saudí, Marruecos y otros socios— han comprometido más de 7.000 millones de dólares para el paquete de ayuda. A esto se suma una promesa adicional de 10.000 millones por parte de Estados Unidos, aunque el origen y destino concreto de esos fondos aún no ha sido detallado y requeriría autorización del Congreso.

Las cifras, aunque significativas, representan solo una parte de los aproximadamente 70.000 millones que se estiman necesarios para reconstruir Gaza tras dos años de guerra.

Sin embargo, el punto más delicado del plan es el desarme de Hamás. Trump afirmó que el grupo islamista ha asumido el compromiso de entregar sus armas, pero advirtió de que cualquier incumplimiento tendría consecuencias.

Este elemento es clave porque la viabilidad de la fuerza internacional depende de que exista un entorno mínimamente estable. Sin un proceso claro de desmilitarización, el despliegue podría enfrentar riesgos operativos y políticos. Además, la integración con estructuras multilaterales existentes, como Naciones Unidas, es uno de los aspectos que genera reservas entre algunos aliados europeos.

Algunos países como Reino Unido, Francia o Noruega han mostrado cautela respecto a la nueva plataforma, en parte por el posible solapamiento con mecanismos internacionales ya en funcionamiento. Aunque la Junta de Paz pretende proyectarse como un instrumento flexible y pragmático, su éxito dependerá de la coordinación con actores regionales, la Autoridad Palestina y organizaciones humanitarias.

La iniciativa también refleja una apuesta por una “pax americana” en Gaza: un esquema de seguridad liderado por Washington, con respaldo financiero y militar de socios estratégicos.

Desde un punto de vista estratégico, el plan combina tres elementos: presencia militar internacional, financiación multilateral y supervisión política centralizada. Esa arquitectura busca evitar el vacío de poder que históricamente ha seguido a conflictos prolongados. No obstante, persisten incógnitas. La falta de detalles operativos, la necesidad de aprobación legislativa en EE UU y la complejidad del equilibrio regional plantean desafíos relevantes. @mundiario