¿Antisemitismo o regulación sanitaria? De qué va el nuevo choque entre Bélgica y EE UU

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El reciente enfrentamiento diplomático entre Bélgica y Estados Unidos refleja una tensión que va más allá de un intercambio de declaraciones públicas. La controversia se originó tras un mensaje del embajador estadounidense en Bruselas, Bill White, quien acusó al país europeo de actuar con antisemitismo por una investigación judicial relacionada con prácticas irregulares de circuncisión ritual judía. La respuesta belga, que calificó estas afirmaciones de “ofensivas e inaceptables”, elevó el conflicto a un nivel diplomático poco habitual entre aliados históricos.

El origen del desacuerdo se encuentra en una investigación abierta en Amberes contra tres mohelim —religiosos encargados de realizar la circuncisión ritual judía— acusados de practicar una variante del procedimiento considerada potencialmente peligrosa. La polémica gira en torno a una técnica específica que incluye la succión de la herida tras la circuncisión, asociada a ciertos grupos ultraortodoxos.

Aunque el principal rabino local ha negado que esta práctica se realice actualmente, las autoridades belgas mantienen abierta la investigación tras varias denuncias surgidas dentro de la propia comunidad judía.

La intervención del embajador estadounidense rompió con la habitual cautela diplomática. White calificó el proceso judicial como una “ridícula persecución antisemita” y pidió directamente modificar la legislación para permitir que los mohelim puedan ejercer sin restricciones. Además, dirigió críticas personales al ministro de Salud belga, Frank Vandenbroucke, lo que intensificó la crisis y motivó la convocatoria oficial del diplomático por parte del ministro de Exteriores, Maxime Prévot.

Desde el Gobierno belga se insiste en que la legislación del país permite la circuncisión ritual siempre que sea realizada por profesionales sanitarios autorizados y bajo estrictos controles médicos. Las autoridades subrayan que la investigación no cuestiona la libertad religiosa, sino el cumplimiento de normas sanitarias aplicables a cualquier procedimiento médico. Este argumento pretende reforzar la idea de que el conflicto responde a un debate regulatorio y no a una persecución cultural o religiosa.

El episodio también se inserta en un contexto político más amplio vinculado a la política exterior de la administración de Donald Trump. White afirmó que sus declaraciones reflejaban la posición del Gobierno estadounidense, respaldado por figuras como el vicepresidente J.D. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio. Esta postura se alinea con una narrativa política que presenta a Europa como un espacio donde, según Washington, ciertas regulaciones limitan valores fundamentales como la libertad religiosa y de expresión.

El conflicto ha adquirido dimensión internacional tras la intervención del ministro israelí de Exteriores, Gideon Saar, quien respaldó las críticas estadounidenses y acusó al país europeo de permitir episodios recientes de antisemitismo. Aunque las instituciones belgas han reconocido un aumento de incidentes antisemitas en los últimos años, especialmente tras el conflicto en Gaza, el Gobierno insiste en que estos hechos no guardan relación con la investigación judicial en curso.

 

Más allá del caso concreto, el debate pone de relieve un dilema recurrente en las democracias occidentales: la conciliación entre libertad religiosa y regulación sanitaria o ética. Bélgica ya ha enfrentado controversias similares con la prohibición del sacrificio animal sin aturdimiento previo, medida que afectó tanto a rituales kosher como halal. Para algunos sectores políticos y religiosos, estas regulaciones podrían derivar en limitaciones indirectas a prácticas religiosas tradicionales.

El nombramiento de White también ha generado controversia previa debido a su cercanía a sectores políticos conservadores y su interacción en redes sociales con figuras como el ultraderechista Dries Van Langenhove, condenado por racismo y curiosamente negación del Holocausto. Este historial ha alimentado las críticas dentro de Bélgica sobre el perfil político del diplomático y su estilo comunicativo, percibido como poco convencional en la diplomacia tradicional. @mundiario