Crece la preocupación internacional por el avance del control de Israel en Cisjordania

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La decisión del Gobierno israelí de ampliar sus competencias administrativas y civiles en Cisjordania ha provocado un fuerte incremento de la preocupación internacional sobre el rumbo del conflicto israelí-palestino.

Las medidas, impulsadas por sectores del Ejecutivo liderado por Benjamín Netanyahu, han sido interpretadas por diversos actores políticos y organismos multilaterales como un posible paso hacia una anexión gradual del territorio ocupado.

Mientras Israel defiende que busca reforzar su control y seguridad en la región, la comunidad internacional observa con inquietud las implicaciones jurídicas, territoriales y diplomáticas que podrían derivarse de estas decisiones.

El plan aprobado por el gabinete israelí contempla una serie de reformas administrativas que ampliarían la presencia y autoridad del Estado israelí en varias zonas de Cisjordania. Entre las medidas más destacadas figura la derogación de una ley jordana de 1953 que impedía a ciudadanos no árabes comprar tierras en el territorio, lo que facilitaría la adquisición directa de propiedades por parte de colonos israelíes.

Asimismo, el proyecto incluye la transferencia de competencias civiles que actualmente corresponden a la Autoridad Nacional Palestina (ANP), especialmente en ámbitos como permisos de construcción, gestión de recursos hídricos y administración de determinados lugares religiosos y patrimoniales.

Uno de los aspectos más sensibles del plan radica en su impacto sobre la estructura territorial establecida por los Acuerdos de Oslo en la década de 1990. Estos acuerdos dividieron Cisjordania en tres zonas —A, B y C— otorgando a la ANP competencias civiles en las áreas A y B, que representan cerca del 40% del territorio. Las nuevas medidas podrían modificar ese equilibrio al ampliar la influencia administrativa israelí en regiones que, según los acuerdos firmados, debían estar bajo control palestino.

Para varios observadores internacionales, este cambio podría alterar el marco jurídico que ha regulado el conflicto durante décadas.

La reacción palestina ha sido inmediata y contundente. La ANP ha denunciado que las decisiones israelíes constituyen un intento de consolidar una anexión progresiva del territorio y de debilitar la viabilidad de un futuro Estado palestino. El presidente Mahmud Abás ha advertido de que estas iniciativas vulneran los acuerdos bilaterales previos y el derecho internacional, mientras Hamás ha intensificado su discurso y ha instado a reforzar la resistencia en los territorios ocupados.

La respuesta palestina refleja el temor a que los cambios administrativos tengan consecuencias irreversibles sobre el control territorial y político en Cisjordania.

La comunidad internacional también ha manifestado inquietud ante el nuevo escenario. El secretario general de la ONU, António Guterres, ha expresado su “profunda preocupación” y ha pedido la revocación de las medidas, recordando que Cisjordania es considerada territorio ocupado según el derecho internacional.

La Unión Europea ha advertido de que las decisiones podrían contradecir directamente los Acuerdos de Oslo y generar nuevas realidades políticas sobre el terreno. Paralelamente, varios países árabes y musulmanes, entre ellos Jordania, Egipto, Arabia Saudí y Turquía, han denunciado que las medidas buscan consolidar la soberanía israelí sobre zonas que consideran palestinas.

Estados Unidos, tradicional aliado de Israel, ha mantenido una postura más matizada. Aunque la administración de Donald Trump ha reiterado su oposición a una anexión formal de Cisjordania, sus declaraciones se han centrado en la necesidad de “preservar la estabilidad regional” sin condenar directamente las medidas aprobadas por el gabinete israelí. Este posicionamiento refleja el delicado equilibrio diplomático de Washington, que intenta sostener su alianza estratégica con Israel mientras mantiene el respaldo al proceso de paz.

Desde el ámbito jurídico internacional, el debate se ha intensificado porque la Corte Internacional de Justicia y las resoluciones de la Asamblea General de la ONU ya consideraban ilegal la presencia israelí en los territorios ocupados.

Algunos expertos en derecho internacional humanitario sostienen que la expansión de competencias administrativas en Cisjordania podría contravenir la denominada “ley de ocupación”, que establece que la administración de un territorio ocupado debe ser temporal y orientada al beneficio de su población local, sin introducir cambios estructurales que favorezcan a la potencia ocupante.

Dentro de Israel, las medidas también generan divisiones políticas y sociales. Los sectores nacionalistas que forman parte del Gobierno consideran que la ampliación del control administrativo refuerza los derechos históricos y estratégicos del Estado israelí en el territorio, argumentando además motivos de seguridad y protección del patrimonio cultural. Sin embargo, las organizaciones israelíes críticas con la expansión de los asentamientos advierten de que estas decisiones podrían aislar diplomáticamente al país y complicar cualquier negociación futura con los palestinos.

El contexto político interno añade otra dimensión al debate. Algunos analistas interpretan las decisiones como parte de una estrategia electoral destinada a consolidar el apoyo de los sectores nacionalistas y religiosos dentro de Israel. Otros consideran que, independientemente de su motivación política, las medidas podrían tener efectos duraderos sobre la configuración territorial del conflicto y reducir el margen para una solución basada en dos Estados. @mundiario