No es casualidad que el helado se convierta en el refugio emocional de muchos. Detrás del impulso de comerlo cuando estamos tristes, ansiosos o sin plan, hay razones químicas, culturales y afectivas
No es casualidad que el helado se convierta en el refugio emocional de muchos. Detrás del impulso de comerlo cuando estamos tristes, ansiosos o sin plan, hay razones químicas, culturales y afectivas