A las cuatro de la madrugada, las explosiones sacudieron Kiev. Lo que comenzó como una alerta aérea habitual se convirtió en uno de los mayores bombardeos combinados de las últimas semanas. Rusia disparó 50 misiles y 297 drones kamikaze de largo alcance contra Ucrania, según datos oficiales. La Fuerza Aérea ucraniana aseguró haber derribado 33 misiles y 274 drones, pero el impacto fue significativo.
El ataque se produjo en un momento simbólico: pocas horas antes del cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa en febrero de 2022. La coincidencia temporal no es menor en una guerra donde el mensaje político y psicológico acompaña a la dimensión militar.
El bombardeo afectó al menos a siete regiones: Kiev y su área metropolitana, Dnipró, Kirovogrado, Mykolaiv, Odesa, Poltava y Sumy. En la capital, el jefe de la Administración Militar, Tymur Tkachenko, alertó: “El enemigo está atacando la capital con armas balísticas” e instó a la población a refugiarse.
En la región de Kiev, un edificio colapsó en Fastiv, a 60 kilómetros al suroeste de la capital. Un hombre de 49 años murió y al menos 15 personas resultaron heridas, incluidos cuatro niños. En Mykolaiv, 16.000 personas quedaron sin electricidad con temperaturas de hasta -10ºC tras los daños a la infraestructura energética.
Según el presidente Volodímir Zelenski, solo esta semana Rusia ha lanzado más de 1.300 drones, más de 1.400 bombas aéreas guiadas y 96 misiles de distintos tipos. El volumen apunta a una intensificación sostenida, no a un episodio aislado.
Desde octubre, Rusia ha centrado buena parte de sus ataques en el sistema energético ucraniano. Plantas de generación, redes de transmisión y sector gasista han sido objetivos recurrentes. En Odesa, los impactos provocaron incendios de gran magnitud en instalaciones energéticas del puerto del mar Negro.
El operador de la red eléctrica, Ukrenergo, confirmó la aplicación de cortes de emergencia en varias regiones, incluida Kiev. El objetivo militar parece claro: erosionar la capacidad productiva y logística del país en pleno invierno, cuando la demanda energética es máxima. Zelenski señaló que los ataques no solo alcanzaron infraestructuras energéticas, sino también sistemas ferroviarios y de suministro de agua. La combinación de objetivos sugiere una estrategia orientada a maximizar el desgaste estructural.
Desgaste acumulativo y mensaje político
La guerra en Ucrania ha entrado en una fase donde la superioridad aérea rusa se traduce en ataques masivos y regulares con drones y misiles de precisión. Más allá del impacto inmediato, la acumulación de daños obliga a destinar recursos constantes a la reparación y defensa antiaérea.
La dimensión psicológica también pesa. Golpear la capital y su periferia en la antesala del aniversario envía una señal interna y externa: la capacidad ofensiva rusa sigue intacta.
Al mismo tiempo, el frente diplomático se mantiene abierto. El enviado especial estadounidense, Steve Witkoff, no descartó una eventual cumbre entre Zelenski y el presidente ruso Vladímir Putin. Zelenski ha apuntado a nuevas conversaciones antes de marzo, aunque el terreno militar sigue marcando el ritmo.
#Canal24Horas | Rusia ha vuelto a bombardear distintas zonas de Kiev. Los equipos de emergencia trabajan para sofocar el fuego en algunos edificios.
La capital ucraniana vive constantemente bajo el sonido de las bombas
💬 @FranSevillaRne, enviado especial a Ucrania… pic.twitter.com/Aos1K1s2qT
— RTVE Noticias (@rtvenoticias) February 22, 2026
La cercanía del conflicto a fronteras de la OTAN mantiene en alerta a países vecinos. Durante la noche del ataque, la Fuerza Aérea polaca desplegó cazas para proteger su espacio aéreo. En el plano económico y humanitario, los daños sobre infraestructuras civiles prolongan un patrón observado desde el inicio de la invasión: presión constante sobre servicios esenciales, especialmente en invierno.
A cuatro años del comienzo del conflicto, la guerra en Ucrania no muestra signos de congelación operativa. El bombardeo masivo de esta semana ilustra una fase de desgaste intensivo, donde la magnitud de los ataques y su sincronización temporal refuerzan la lógica de presión continuada sobre el Estado ucraniano. @mundiario





