Durante décadas, la idea de una defensa europea autónoma ha permanecido en el terreno de los proyectos incompletos. Sin embargo, el deterioro de la confianza estratégica con EE UU acentuado por la política exterior de Washington y su creciente prioridad en América Latina —con el Indo-Pacífico como segunda instancia—, junto con la persistente amenaza de Rusia tras la guerra de Ucrania, ha reactivado un debate que antes era marginal: si Europa debe garantizar su seguridad con capacidades propias.
En Bruselas comienza a consolidarse un consenso básico de que la Unión necesita mayor capacidad de defensa independiente, aunque aún no exista acuerdo sobre cómo materializarla. La discusión abarca desde propuestas pragmáticas como integración industrial militar, movilidad logística o compras conjuntas, hasta escenarios más ambiciosos como la creación de una fuerza militar permanente europea o incluso la revisión del papel de la disuasión nuclear en el continente.
La propuesta de una fuerza militar europea permanente, mencionada recientemente por responsables comunitarios, refleja el cambio de mentalidad en varios Estados miembros. La idea de un contingente común, que algunos plantean en torno a 100.000 efectivos, permitiría reducir la dependencia operativa de EE UU y reforzar la capacidad de respuesta ante crisis regionales.
Sin embargo, cualquier creación de un ejército europeo se topa con obstáculos estructurales. La defensa continúa siendo competencia nacional y numerosos países rechazan ceder soberanía militar plena a las instituciones comunitarias. En la práctica, la UE avanza más en soluciones intermedias, como fuerzas de despliegue rápido multinacionales, coaliciones de países voluntarios o la integración progresiva de capacidades militares nacionales bajo mandos coordinados.
Este enfoque gradual apunta a un modelo híbrido que no implique necesariamente un ejército federal europeo en el corto plazo, pero sí una arquitectura de defensa común que permita actuar sin depender completamente de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en determinados escenarios.
La “carta nuclear”: un debate que antes era tabú
Más controvertido aún es el debate emergente sobre la disuasión nuclear europea. Aunque varios líderes comunitarios subrayan que una mayor proliferación nuclear no incrementa la seguridad global, el deterioro del entorno estratégico ha llevado a algunos responsables europeos a plantear la necesidad de discutir el papel de la disuasión en un escenario en el que el paraguas estadounidense podría resultar menos predecible.
Este debate no implica necesariamente la creación inmediata de un arsenal nuclear europeo, pero sí la revisión de los mecanismos actuales de seguridad, incluida la cooperación con las potencias nucleares del continente y el eventual rediseño de la arquitectura de defensa estratégica europea. El simple hecho de que esta discusión se produzca en instituciones comunitarias refleja el cambio de percepción sobre la estabilidad del orden internacional.
La mayoría de los Estados miembros insiste en que el objetivo no es sustituir la OTAN, sino reforzar la contribución europea dentro de la alianza y disponer de planes alternativos si el compromiso estadounidense disminuye. En este sentido, la autonomía estratégica europea se concibe cada vez más como un “plan B” necesario, no como una ruptura con el sistema de seguridad transatlántico.
Entre la OTAN y la autonomía estratégica
La evolución de la guerra en Ucrania, el rearme ruso y los cambios en la política estadounidense han impulsado una percepción compartida: Europa sigue siendo un gigante económico, pero solo podrá mantener su influencia global si desarrolla capacidades militares acordes a su peso político y económico.
El debate actual no apunta a decisiones inmediatas, pero sí marca una tendencia de que la seguridad europea ya no se discute exclusivamente en términos de cooperación transatlántica, sino también de capacidad propia. La posibilidad de una fuerza militar conjunta, de coaliciones defensivas entre Estados miembros o incluso de revisar el papel de la disuasión nuclear refleja que la Unión Europea está entrando en una nueva fase estratégica. @mundiario








