La política británica atraviesa uno de sus episodios más turbulentos desde la llegada del Partido Laborista al poder. La dimisión de Morgan McSweeney, considerado el arquitecto estratégico del ascenso de Keir Starmer, ha convertido el escándalo vinculado al exembajador Peter Mandelson y su relación con Jeffrey Epstein en una crisis institucional que amenaza con alterar el equilibrio de poder dentro del Gobierno y del propio laborismo.
El detonante del escándalo fue la revelación de nuevos documentos en Estados Unidos que profundizan en los vínculos entre Mandelson —veterano dirigente laborista y exembajador británico en Washington— y el fallecido financiero y delincuente sexual Jeffrey Epstein. Las filtraciones también sugieren posibles filtraciones de información sensible durante la crisis financiera global de 2009 y 2010, lo que ha derivado en una investigación policial por presunto abuso de funciones públicas.
Aunque Mandelson ya había sido destituido de su cargo diplomático meses atrás, la controversia ha adquirido mayor dimensión política tras conocerse el papel que desempeñó McSweeney al recomendar su nombramiento para aprovechar sus conexiones en Washington y mejorar las relaciones con Donald Trump, a pesar de saber que su relación con Epstein era más profunda.
La dimisión del jefe de gabinete no solo representa la salida de uno de los hombres más influyentes del Ejecutivo, sino también un golpe directo al núcleo estratégico del Gobierno. McSweeney fue una figura clave en la reconstrucción del Partido Laborista tras sus derrotas electorales desde 2019 y desempeñó un papel central en la campaña que llevó a Starmer a obtener una amplia mayoría parlamentaria.
Su marcha deja al primer ministro sin su principal asesor político y sin un escudo frente a las críticas internas y externas que ahora se concentran en su propio liderazgo.
El caso pone en cuestión el proceso de selección y verificación de altos cargos en el Gobierno británico. McSweeney reconoció públicamente que la designación de Mandelson fue un error y pidió una reforma profunda de los mecanismos de control institucional.
Sin embargo, la controversia ha alimentado el debate sobre la responsabilidad última de Starmer, quien aprobó la designación pese a los antecedentes públicos del veterano político. Este punto ha sido aprovechado tanto por la oposición conservadora como por la ultraderecha de Reform UK, que consideran insuficiente la dimisión del asesor para cerrar la crisis.
El impacto político del escándalo también se refleja en el interior del Partido Laborista. Sectores del grupo parlamentario han manifestado abiertamente dudas sobre la capacidad de Starmer para gestionar situaciones de alta presión política. La figura de McSweeney, que durante años generó tensiones entre diputados y bases del partido por su estilo estratégico y su influencia en decisiones clave, actuaba al mismo tiempo como un punto de cohesión y de fricción dentro del laborismo. Su salida deja al descubierto divisiones internas que podrían agravarse en los próximos meses.
BREAKING: Morgan McSweeney has resigned from his role as chief of staff to the prime minister.
Sky’s @BethRigby reports.https://t.co/5At9LnzZMb
📺 Sky 501, Virgin 602, Freeview 233 and YouTube pic.twitter.com/AFNga29xzk
— Sky News (@SkyNews) February 8, 2026
La crisis se produce en un momento especialmente sensible para el Gobierno, que enfrenta desafíos electorales inmediatos y una caída en los niveles de popularidad del primer ministro. Encuestas recientes muestran un creciente desgaste político del Ejecutivo tras varios cambios de rumbo en políticas económicas y sociales. La dimisión del principal estratega del Gobierno podría debilitar la capacidad del partido para afrontar futuras contiendas electorales y para mantener la disciplina interna.
Otro elemento que amplifica el alcance del escándalo es la posible publicación de comunicaciones internas relacionadas con la designación de Mandelson y con la estrategia diplomática británica hacia Estados Unidos. La eventual divulgación de estos mensajes podría complicar la relación entre Londres y Washington, especialmente en un contexto de negociaciones políticas y comerciales sensibles. El Gobierno teme que nuevas revelaciones mantengan el escándalo en la agenda pública durante semanas o meses. @mundiario





