La cúpula de la CDU no sintoniza con su base juvenil

La Casa Konrad Adenauer, sede de la CDU en Berlín, está quedando fuera de juego. Han tenido que ser las juventudes del partido, la Junge Union, las que organicen el único debate entre los candidatos para suceder a Merkel, celebrado este fin de semana, y del que ha salido ganador Friedrich Merz, el más a la derecha y de más edad de los tres competidores. Entre ellos no se encuentra, por otra parte, el preferido de las bases conservadoras, el actual ministro de Sanidad Jens Spahn. El tono y contenido del debate, completamente alejado del leguaje de la dirección de la CDU, en manos de Annegret Kramp-Karrenbauer, ponen en evidencia una distancia con las bases que puede acabar pasando una seria factura electoral.

La Junge Union imprimió al debate una dinámica más propia de la retransmisión en Youtube de un videojuego que la que habitualmente asociamos a un debate electoral. Mientras los tres candidatos se atenían a un formato encorsetado, los «users» hacían preguntas, y los comentarios sobre la marcha los aportaban chavales recostados en un sofá y descalzos, que glosaban las respuestas de acuerdo a criterios como el respeto al medio ambiente o la novedad de las propuestas. Tanto el moderado Armin Laschet, presidente regional de Renania del Norte-Westfalia, como el liberal Friedrich Merz, viejo adversario político de Angela Merkel, evitaron criticar a Merkel, en un debate sin sangre.

El exministro Norbert Röttgen se mantuvo en el previsible segundo plano, tras el que se entrevé un duelo a dos, a pesar de que la encuesta del Instituto Kantar, publicada también este fin de semana, dice que el 22% de las bases consideran como mejor candidato al ministro Spahn, que abandonó su candidatura a presidir el partido para ocuparse de la gestión de la pandemia. Solo un 19% prefiere a Merz y un 17% a Laschet. Con estos mimbres y Merkel en tiempo de descuento, sin un claro líder dispuesto para la sucesión, la CDU sigue en piloto automático y en el primer puesto en las encuestas. Si hoy hubiera elecciones, ganarían los cristianodemócratas con un 35% de los votos.

Continuidad y experiencia como bandera
Merz, lobo con piel de oveja y muy crítico durante años con la gestión de Merkel, dijo en el debate que la herencia de la Cancillería no debe «constituir una ruptura, sino una sucesión». Se concentró en temas económicos, lanzó alguna puyita a Bruselas y consideró «vital» no dejarle deudas a las «generaciones futuras».

Laschet, por su parte, se apoyó en su experiencia de gobierno y recordó que «estoy en el cargo desde hace mucho tiempo», hablando de «combate diario» y mostrándose partidario de «modernizar» el partido. Röttgen se pegó al discurso de Laschet y aludió a asuntos internacionales, hasta el punto de parecer su futuro ministro de Exteriores.

Y a todo esto, las encuestas desvelan que el candidato conservador más valorado para presentarse a las elecciones generales de 2021 no es ninguno de los nombrados hasta ahora, sino un hombre de otro partido. Markus Söder, presidente regional de Baviera y líder de la Unión Socialcristiana (CSU)
, obtendría el 35% de los votos si hoy hubiera elecciones. El 52% de los alemanes considera a Söder «buen candidato», porcentaje que se eleva al 73% entre los habituales votantes de la CDU.