La Alcaldía de París se convierte en «Pedoland»

París se ha convertido en «Pedoland» (Tierra de pedófilos), enfrentando de manera muy agria a partidarios y adversarios de Christophe Girard, responsable de la «política cultural» de la alcaldía, sospechoso de «encubrir» de alguna manera las «actividades» Gabriel Matzneff, el escritor pedófilo aplaudido por las élites en Francia, a finales del siglo XX.

Girard se ha visto forzado a dimitir tras un rosario de agresivas manifestaciones callejeras, ante el edificio histórico de la alcaldía, en el corazón de París, orquestadas por numerosas organizaciones feministas y ecologistas, acusándolo de complicidad con Matzneff, hace años.

Anne Hidalgo, alcaldesa, ha salido en defensa de Girard. En vano. Los concejales socialistas de la alcaldía apoyan a Girard. Pero los concejales ecologistas y feministas han decidido hacer campaña, afirmando, con todo tipo de pancartas, que París se ha convertido en «Pedoland». «Pedo», de pedofilia. «Land», tierra.

Hace meses, Emmanuel Macron pidió a su gobierno que iniciase una investigación judicial, para «esclarecer», en la medida de lo posible, la actividades pedófilas de Matzneff, durante los años setenta y ochenta del siglo pasado. La mayoría de los delitos y presuntos delitos de pedofilia han prescrito, pero la investigación sigue su curso, pedregoso y pasablemente siniestro.

Alquiler privilegiado
La policía judicial ha decidido interrogar en varias ocasiones al responsable dimitido de la política cultural de París, para intentar averiguar en que medida pudo «ayudar» al escritor pedófilo, que sigue beneficiándose de un alquiler muy privilegiado de un piso propiedad de la alcaldía de París.

El interrogatorio no prejuzgan, de ninguna manera, la culpabilidad de Girard. Pero la policía desea saber, con precisión, quién y de qué manera pudo «proteger» a un escritor pedófilo desde la alcaldía de París, ofreciéndole un alquiler muy privilegiado.

Las sospechas aparentes de la policía judicial se han convertido en un incendio político en la capital de Francia, convertida en «Pedoland» para feministas y ecologistas.

La sucesión de manifestaciones callejeras, en el corazón de París, ante la alcaldía, con pancartas muy hirientes, del tipo «Bienvenido a Pedoland» dan una imagen pasablemente penosa del equipo municipal, profundamente dividido por un problema moral y judicial de gravedad considerable.