El exdirector de Pemex revela que Odebrecht pagó 10 millones a la campaña Peña Nieto

La constructora brasileña Odebrecht habría financiado con 4 millones de dólares la campaña electoral con la que Enrique Peña Nieto ganó en 2012 las elecciones presidenciales en México, según declaraciones del expresidente de Pemex, Emilio Lozoya, a la Audiencia Nacional de España a las que tuvo acceso el diario «Reforma».

Lozoya, uno de los hombres cercanos a Peña Nieto, es un testigo protegido en varios casos de corrupción que apuntan a exdirigentes del Partido Revolucionario Institucional, el PRI, la agrupación política que gobernó México durante casi todo el siglo pasado y que está en el ojo de la Fiscalía del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

Serían un total de 10 millones de dólares los que recibió el PRI bajo el mandato de Peña Nieto (2012-2018), de acuerdo con el testimonio de Lozoya. Además de esos supuestos 4 millones de dólares cobrados durante la campaña, Odebrecht habría pagado otros seis millones de dólares para obtener un contrato en la refinería de Tula —propiedad de Pemex— y sobornar a diputados para que aprobaran en 2014 la reforma energética, un cambio legislativo que desde entonces permite que las petroleras privadas logren contratos de exploración y producción en México.

Vídeos de los sobornos
Según la prensa mexicana, Lozoya aceptó ser extraditado a México desde España porque supuestamente tiene unas 16 horas de vídeo que evidencian cómo varios políticos aceptaron esos sobornos. «Hay información de que hubo sobornos para tener los votos de la reforma energética», dijo López Obrador en rueda de prensa. Lozoya involucra en esta trama también a Luis Videgaray, exministro de Hacienda y de Exteriores durante el gobierno de Peña Nieto que acabó en diciembre de 2018.

Estas revelaciones del exdirector de Pemex, detenido en Málaga en febrero, son un misil directo a la base de flotación del PRI, partido que gobernó México entre 1930 y 2000 y que tuvo un nuevo Sexenio con Peña Nieto entre 2012 y 2018. Ese periodo, 2012-2018, estuvo marcado por varios escándalos como la desaparición de los jóvenes de Ayotzinapa y la «casa blanca», un posible caso de corrupción que involucraba a Angélica Rivera, la exmujer de Peña Nieto.

Un partido en decadencia
La aplastante victoria de López Obrador a mediados de 2018, tras obtener uno de cada dos votos, supuso un punto de inflexión entre la sociedad mexicana y el PRI. En aquellos comicios, el candidato del PRI José Antonio Meade apenas logró el 16,4% de los votos, el peor resultado jamás registrado por este partido en unas elecciones presidenciales.

Debido a los numerosos casos de corrupción que asolan el PRI y los elevados índices de violencia que han dejado sus gobiernos, su presencia regional también ha disminuido de manera progresiva y actualmente sólo gobierna en once de los 32 estados de México, cuando normalmente controlaba más de la mitad. Su actual presidente, Alejandro Moreno Cárdenas, es prácticamente un desconocido para el gran público, opacado totalmente por la enorme capacidad de López Obrador para generar polémica y, así, marcar la agenda política y mediática del país mesoamericano.

Otro miembro destacado del PRI que también ha sido arrestado recientemente por posible corrupción es el exgobernador de Chihuahua César Duarte, quien estaba prófugo de la justicia y fue detenido en Estados Unidos. Duarte fue gobernador entre 2010 y 2016 y todavía no ha sido extraditado a México. Además, la fiscalía de López Obrador ha detenido a Rosario Robles, exministra del gobierno de Peña Nieto y a Juan Collado, el abogado del expresidente priista.

El círculo alrededor de Peña Nieto es cada vez más estrecho. Y es que, en su lucha por tratar de poner fin a la corrupción en México, López Obrador ve al caso Odebrecht como el hilo idóneo del que tirar para desmontar toda la red clientelar que, según AMLO, el PRI creó en todas las estructuras del Estado mexicano. México y Venezuela son los dos únicos países donde no hay condenados por la trama corrupta de Odebrecht. Y el PRI está en el «ojo del huracán» de AMLO.